lunes, 9 de junio de 2014

Ciencia del razonamiento


Según Frápolli, en el libro publicado el año 2008 titulado “Filosofía de la lógica”, parecería que no está nada claro lo que se entiende o debería entenderse por lógica, esto es evidenciado hasta en el desarrollo histórico de esta disciplina, pero, a pesar de todo, es común identificarla con el estudio de las relaciones inferenciales, en tanto relación que se da entre premisas y conclusión de un argumento dado. Normalmente, se suele pensar la lógica en relación a una versión que se ha hecho típica en el estudio de la misma, la inferencia deductiva, por ello suele pensarse que la lógica es lógica deductiva. Pero aquella es más rica aún, posee un gran espectro en el que la deducción comprende sólo un capítulo, quizá el más desarrollado. Estas relaciones inferenciales a las que se hace referencia como centrales del estudio de la lógica, se dan entre proposiciones que conforman un razonamiento. Por ello, también se suele identificar a la lógica como la ciencia del razonamiento. En palabras de Vega, en el libro escrito el año 2007 titulado “Si de argumentar se trata”, razonar es aquella actividad, que hace un agente, por medio de la cual pretende justificar una oración, en un conjunto de oraciones. Estos razonamientos, que se dan en el discurso cotidiano, son denominados argumentaciones con las cuales se pretende dar razones de algo a alguien. La argumentación es una entidad lingüística, pero la lógica no estudia al razonamiento en esta perspectiva, sino a partir de la forma de dicha argumentación, esto es el argumento o mejor aún, esquemas de argumento.

En términos formales, según Martínez y Falguera, en el libro escrito el año 1999 titulado “Lógica clásica de primer orden”, aquella entidad conceptual formada por proposiciones en las que, partiendo de un conjunto dado de proposiciones llamadas premisas, se sigue o se pretende que se siga, otra proposición llamada conclusión. Este seguimiento de las premisas hacia la conclusión es lo que se denomina inferencia. Tradicionalmente se consideraba como inferencia a aquella operación mental por medio de la cual se pasa de algo conocido a algo desconocido. Pero no necesariamente ha de ocurrir esto para que haya inferencia ya que, por ejemplo, a partir del enunciado “Pedro es hombre” es posible inferir “Pedro es hombre”, donde no hay un paso de lo conocido a lo desconocido, de hecho se repite lo mismo en uno como en otro lado de la argumentación. Por esto, se entenderá a la inferencia como la especial relación entre premisas y conclusión; como el proceso según el cual se cree justificada una conclusión por el mero hecho de haber aceptado una o varias premisas. La inferencia puede ser de dos tipos: Deductiva y no deductiva. Se denomina deducción a aquella relación inferencial en la cual, a partir de ciertas premisas, se concluye necesariamente. No deducción, cuando de un número indeterminado de premisas se infiere probablemente la conclusión.

Según Alessio, en el libro publicado el año 2008 con el título “Lógica y sentido común”, es justamente a la primera versión de inferencia, la deductiva, con la que es común relacionar a la lógica. La razón de esta identificación data desde los orígenes mismos de la lógica. Aristóteles había presentado en sus estudios una caracterización del silogismo, que es de suyo un tipo de razonamiento en el que se da la inferencia deductiva. Los medievales continuaron la ruta marcada por los antiguos trabajando en pos de la deducción. Sin embargo, a principios del siglo diecisiete, en una obra publicada el año 1620, Francis Bacon hace una crítica voraz de la deducción, proponiendo en su lugar a la inducción. Esta misma idea es reafirmada por John Stuart Mill en su obra “Sistema de lógica raciocinadora e inductiva” del año 1843. A pesar de ello, otros lógicos siguieron comprometidos y desarrollando reflexiones en torno a la deducción como Bolzano y Leibniz. A mediados del siglo diecinueve resurge el estudio de la deducción con la propuesta del Logicismo de Frege donde la lógica fue pensada como el fundamento de las matemáticas y, para tal fin, se crea un sistema formal que pretende explicar toda la matemática a partir de una serie de axiomas y teoremas. El resultado de este proyecto fue desalentador en esta perspectiva, aunque proporcionó a la lógica la posibilidad de formalizar los razonamientos deductivos, constituyéndose finalmente en una ciencia formal completamente simbolizable, en donde se emparentan deducción, formalización y lógica. El lenguaje creado recibe el nombre de lenguaje formal con el que se puede estudiar de manera clara la estructura de los razonamientos. Si bien es cierto que Aristóteles ya había presentado la forma de los silogismos mediante esquemas de enunciados tales como: “Todo A es B”, “Ningún A es B”, “Algún A es B”, “Algún A no es B”, no eran sino una reducida explicación de los razonamientos ya que su capacidad expresiva se limitaba a los enunciados categóricos y modales. Pero con el desarrollo de la lógica, a partir de Frege, se crearon lenguajes formales capaces de representar, mediante fórmulas, casi cualquier expresión del lenguaje natural, ampliando considerablemente la capacidad de la silogística tradicional.

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